Llega el día de las elecciones y los ciudadanos estadounidenses están convocados a votar por quién ocupara la Casa Blanca durante el período 2025-2029, en un clima de creciente polarización política y acusaciones cruzadas. Las encuestas no muestran favoritos claros y vaticinan un resultado muy reñido.
En un país en el que el voto no es obligatorio, más de 230 millones de personas son elegibles para votar, pero se estima que sólo 160 millones se han registrado y no la totalidad de ellos lo hará. Por su parte, más de 78 millones de votantes ya han emitido su voto de manera anticipada.
Si bien la Comisión de Elecciones Federales aplica la ley federal sobre temas como, por ejemplo, el financiamiento de las campañas, el sistema electoral es descentralizado, por lo que las elecciones son conducidas por las entidades locales de cada uno de los Estados.
Vale recordar que el presidente no es elegido por voto popular, sino por el Colegio Electoral. Bajo este sistema, cada Estado tiene la misma cantidad de votos que asientos en la Cámara de Representantes y el Senado. En este marco, con un total de 538 electores – que son asignados por los Partidos -, el candidato ganador deberá contar con al menos 270 votos. Luego, los electores votarán por presidente y vicepresidente el 17 de diciembre.
Salvo Maine y Nebraska, cuyos votos del Colegio Electoral pueden dividirse de acuerdo al voto popular, en el resto de los Estados el candidato que obtenga la mayoría del voto popular se queda con la totalidad de los electores.
En el raro pero no imposible caso de que ninguno de los candidatos obtenga la mayoría absoluta de los electores del Colegio Electoral, se procederá a una Elección de Contingencia, en la que el Congreso entrante elegiría al presidente, mientras que el Senado lo hará con el vicepresidente.