¿Presencia militar contra el narcotráfico o parte del conflicto mundial en desarrollo?
Por Ronald Sánchez
Para entender lo que está pasando actualmente en Venezuela, debemos hablar un poco de historia, acudir a la memoria como un recurso al alcance de todas y todos los ciudadanos para construir un criterio propio. Refrescar ante nuestra conciencia, una sucesión de hechos y reflexiones que ayudarán a las y los lectores a entender el fenómeno venezolano en su diversidad y complejidad.
Pensar en la doctrina Monroe y su disputa etimológica, conceptual y procedimental con el pensamiento bolivariano de integración latinoamericano, puede ayudarnos a comprender lo que ocurre actualmente en la región. Y en aras de hacerlo corto y no un tratado de historia para un público de especialistas, solo diremos que la doctrina Monroe (1823) busca la división de
latinoamericanos y caribeños para poder controlar en mejores condiciones su política interior, manejar sus economías y recursos tanto humanos como naturales en beneficio de los EEUU. Por el contrario, las ideas bolivarianas y San martinianas invocan la unidad de los pueblos del sur, para otorgar equilibrio al universo.
Este equilibrio para la época, estamos hablando del siglo XIX, se interpretó desde la construcción de estados nacionales, basados en ideales de justicia, igualdad y fraternidad, frente a las monarquías. En la actualidad la principal contradicción estriba, en la disputa entre esos estados nacionales tras 200 años de su creación y el mercado que busca la eliminación de soberanías, fronteras y leyes para convertir el “todo” en una mercancía.
El “gringo”, como se les llama comúnmente a los hostiles vecinos del norte, han sido consecuentes en la aplicación del pensamiento imperial, 198 años de mirada aguileña y rapaz de la doctrina Monroe sobre nuestras tierras, aguas y sembradíos, una historia de injerencia, intervencionismo, pero también de construcción y aprendizaje en la resistencia por parte de pueblos y gobiernos.
Ellos no suspenden doctrinas, o pensamiento en política exterior, las actualizan. Como prueba de ello tenemos la invocación de la Ley de enemigos extranjeros promulgada en 1798 utilizada recientemente en contra de las y los migrantes venezolanos, para justificar la violación de sus DDHH y el debido proceso judicial.
Estamos hablando amigas y amigos lectores de una normativa de 227 años de antigüedad, de tiempos de la posguerra de independencia norteamericana, sacada de la chistera para justificar la separación de familias enteras, hijos arrancados de brazos de padres y madres violando todas las convenciones internacionales en materia de protección de niñas, niños y jóvenes. Las violaciones del gobierno salvadoreño de Nayib Bukele y Donald Trump a las y los migrantes quedará para los anales históricos de la injusticia. En la historia hallaremos huellas que develan el presente y el futuro dada la geopolítica internacional actual, esta apuntaría hacia escenarios en los que cada vez es más factible la agudización de la tensión hasta desencadenar en algún tipo de confrontación militar de variable intensidad.
Venezuela experimento a principios del siglo pasado un bloqueo armado, perpetrado por países europeos, bajo la excusa de reclamaciones al pago de empréstitos en detrimento del gobierno de Cipriano Castro en el año 1902. Se produjeron enfrentamientos armados y la movilización general del pueblo venezolano en defensa del territorio; como dato anecdótico encontramos la solicitud de alistamiento militar del Dr. José Gregorio Hernández, recientemente declarado Santo por la iglesia católica, pareciera que este sentimiento movilizante y cohesionador, sería el imperante en las calles del país.
Tradicionalmente estamos llamados a pensar que las elites de gobierno estadounidense en su disputa con la República Popular de China y la Federación de Rusia necesitarían de una región tranquila, sumisa a sus intereses como ocurriera a lo largo del siglo XX, por lo que conflictos prolongados o de alcance impredecible en su otrora “patio trasero” no les serian convenientes. Sin embargo, ante el avance de los BRICS en el campo político, económico y militar, habrían conducido al Pentágono a cambiar drásticamente su política exterior hacia Latinoamérica y el Caribe y decidirse a combinar máxima presión interna (golpe de estado o magnicidio) y externa (bloqueo naval total) para acabar con la Revolución Bolivariana.
Al ciudadano de USA igual que a sus gobernantes políticos y empresariales les complace ver las guerras lejos de sus fronteras, lejos de sí, lejos de su: “democracia liberal” carente de legitimidades. Como lo refiere el investigador Juan Carlos Monedero, en su obra: Política para indiferentes (2024) “la democracia formal sin contenidos reales de igualdad está hueca”, yo añadiré que la democracia estadounidense es un agujero en sí misma. Ambas posturas, la tradicionalista y la modernizadora representados en las figuras del enviado especial para negociaciones entre la Casa Blanca y
Miraflores Richard Grenell y el Secretario de Estado Marco Rubio han chocado en el Caribe. Es de tal nivel la crisis del sistema capitalista, que los EEUU se están viendo empujados a reforzar su presencia militar en la región bajo el pretexto de luchar contra el narcotráfico.
La elite estadounidense entiende que, de no tener acceso a los recursos naturales, financieros y humanos provenientes del sur, su modelo de desarrollo, sus capacidades para medianamente competir con China en términos de mercado se vendrían abajo. El modelo capitalista estadounidense estaría en peligro de quebrarse, de desmoronarse y de experimentar cambios en la arena política. Es por ello que cada decisión de apariencia local, a veces desestimada por la opinión pública, de los gobiernos caribeños son evaluados con mayor rigor por terceros, bajo parámetros globales: nuestras cotidianidades impactan en el mundo globalizado, estemos conscientes o no de ello, es como el movimiento de la tierra: ocurre, así no lo percibamos, dado las magnitudes del movimiento.
El futuro de la soberanía de nuestros pueblos, independientemente de posiciones ideológicas o partidistas se jugará en las aguas del Caribe (el Mare Nostrum) o exportando nuestros productos bajo una bandera confederada o resistiendo juntos o por separado la balcanización de la patria.




























