Lula lleva a la ONU su rechazo a la política de Trump hacia América Latina

Lula llevó a la ONU una defensa del multilateralismo y cuestionó un orden internacional cada vez más condicionado por la fuerza y las disputas entre potencias.

La crisis del sistema multilateral ocupó el centro de la intervención de Luiz Inácio Lula da Silva ante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas. Desde Nueva York, el presidente brasileño advirtió que el organismo atraviesa uno de los períodos más difíciles de su historia y cuestionó un escenario internacional en el que el uso de la fuerza gana terreno frente a las reglas acordadas entre los Estados. “Las concesiones a la ley del más fuerte han superado todos los límites”, afirmó durante su discurso del 22 de septiembre.

El planteo brasileño llegó en una Asamblea atravesada por guerras, disputas entre grandes potencias y una creciente dificultad de las instituciones internacionales para intervenir sobre las principales crisis. El propio secretario general de la ONU, António Guterres, abrió las sesiones alertando que las divisiones geopolíticas se han profundizado, que el derecho internacional viene siendo desplazado y que la población civil soporta una parte creciente de las consecuencias de los conflictos. Paz, desigualdad, cambio climático e inteligencia artificial fueron señalados por Guterres como cuatro de los grandes desafíos que requieren respuestas colectivas.

Pero Lula trasladó también a la tribuna de Naciones Unidas una discusión que afecta directamente a América Latina. A pocas semanas de las elecciones brasileñas de octubre, rechazó cualquier intento de interferencia extranjera sobre el proceso político de su país y reivindicó la capacidad de las instituciones brasileñas para organizar y garantizar los comicios. El mandatario sostuvo además que Brasil no necesita intervenciones externas para combatir al crimen organizado y reclamó, en cambio, cooperación internacional contra los circuitos financieros y el tráfico de armas que sostienen a las organizaciones criminales.

La referencia adquirió especial peso por el deterioro de las relaciones entre Brasilia y Washington y por las divergencias entre Lula y Donald Trump respecto de la política hemisférica. Mientras el presidente brasileño insistió en la defensa de la soberanía y la no intervención, Trump utilizó su intervención ante Naciones Unidas para reivindicar una presencia estadounidense más activa en el continente y endurecer el discurso contra las organizaciones vinculadas al narcotráfico. Reuters informó que Washington busca consolidar una coalición regional en torno a esa política de seguridad, de la que Brasil no forma parte.

Las diferencias exceden, sin embargo, la relación bilateral. En el fondo aparecen dos discusiones sobre cómo administrar un escenario internacional crecientemente fragmentado. Lula ubicó su intervención dentro de una defensa del multilateralismo y reclamó que Naciones Unidas recupere capacidad política frente a conflictos que las actuales instituciones no logran contener. El mandatario volvió además sobre la necesidad de modificar el funcionamiento del Consejo de Seguridad para adecuarlo a una distribución del poder internacional muy diferente de la existente cuando se creó la ONU.

Esa discusión coincide con un debate cada vez más extendido dentro del propio organismo. El presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, reconoció al inaugurar las sesiones que el interrogante ya no pasa simplemente por la existencia de Naciones Unidas sino por su capacidad efectiva para actuar. En su discurso sostuvo que el multilateralismo, el derecho internacional, la protección de los civiles y el acceso humanitario pierden credibilidad cuando son aplicados de manera selectiva.

Brasil viene vinculando esta reforma institucional con una mayor representación del Sur Global. En intervenciones anteriores, Lula cuestionó que América Latina y África continúen sin miembros permanentes en el Consejo de Seguridad y reclamó cambios también en las instituciones financieras internacionales. Esa demanda forma parte de una estrategia diplomática más amplia de Brasilia, que busca trasladar el creciente peso económico y demográfico de los países en desarrollo hacia las estructuras donde se definen las reglas de la gobernanza internacional.

La intervención de Lula se produjo así en una Asamblea General donde la discusión sobre conflictos concretos terminó convergiendo con otra de mayor alcance, particularmente en lo que refiere a quién define las reglas del sistema internacional y bajo qué mecanismos se aplican. Tanto Lula como Guterres presentaron el debilitamiento del derecho internacional y de las instituciones multilaterales como problemas centrales del momento actual. En este marco, se abre espacio a un debate que alcanza, además de las reformas necesarias en las Naciones Unidas, al tipo de orden internacional que surgirá de una etapa marcada por la redistribución del poder global, así como al ascenso de nuevos centros de influencia y una competencia cada vez más visible entre soberanía, cooperación y políticas de fuerza.

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