Una brevísima reflexión sobre la historia reciente del contexto internacional

Juan Pablo De María*

El muro de Berlín, en el “pasado siglo XX”, fue derrumbado por hombres y mujeres de distintas edades. Con picos, martillos y cuanto objeto contundente tenían a la mano para asestarlo contra un muro que no sólo había dividido materialmente un territorio, una sociedad, un Estado-nación dejando de un lado a los del oeste y al otro a los del este. De un lado el capitalismo, liberalismo, del otro el comunismo, socialismo.

Más allá de terminologías y diferencias nominales en la práctica este muro fue el símbolo político de división del mundo durante la Guerra Fría. Un conflicto bélico donde la guerra, la praxis de la guerra, cobró un cariz peculiar.

Al muro lo derrumbó el pueblo en la segunda mitad de 1989. El derrumbe fue material, sin embargo, lo simbólico de alguna forma se mantuvo y aún se mantiene. Se extiende, continúa en su versión siglo XXI.

Actualmente hay muros que dividen territorios y poblaciones, por citar solo un ejemplo: el muro que divide Israel de Palestina y a la vez opera de cerco a los palestinos que habitan Belén y una parte de Jerusalén. Una manera de ver que la historia se repite, de modo diferente se repite y así continúa. Una continuidad hecha de rupturas, avances, retrocesos, lo lineal es temporal, quizá una excepción, nunca la regla.

La coyuntura en la que estamos en este (aún) joven siglo y tercer milenio quizá sea similar a etapas histórico-políticas anteriores. Hay una semejanza con la época anterior a la inaugurada con Breton Woods luego de la segunda guerra mundial donde se diseñó la arquitectura del orden internacional liberal que está vigente hasta la fecha.

La época anterior al acontecimiento Breton Woods se sitúa en los años veinte y treinta, época conocida como “el período de entreguerras”, es decir después de la Primera Guerra Mundial y antes de la segunda.

En este contexto viene bien recordar el aforismo de Antonio Gramsci: “Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Dos grandes monstruos surgieron en la etapa de entreguerras: el fascismo italiano con la conducción de B. Mussolini y el nacionalsocialismo bajo el liderazgo de A. Hitler, y sus réplicas en otras partes del mundo.

En Argentina, por ejemplo, quizá podamos hablar de los inicios del partido militar bajo el mando de Félix Uriburu y el apoyo de civiles dieron el primer golpe de estado cívico militar e instauraron una dictadura de esas características derrocando al gobierno democrático republicano constitucional presidido por H. Yrigoyen, entre otras réplicas que no vienen al caso desarrollar en este breve ensayo.

El actual espíritu de época está signado por un caos donde combaten diversas posturas: multipolaridad vs. Bipolaridad en modo siglo XXI. ¿En el contexto mundial actual podemos hablar de tripolaridad del poder global conformada por EEUU, la Federación Rusa y China? Quizá tiene algo de cierto este punto de vista en medio del caos internacional.

En una historia de brevísima duración hagamos un repaso de algunos hechos de lo que va de este siglo: el atentado a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001; el desplome inmobiliario y de la banca internacional entre 2007 y 2008; la caída de los precios de las commodities (bienes básicos) en 2012; la pandemia de coronavirus entre fines de 2019 y fines de 2021, y comienzos de 2022; la profundización del conflicto en Ucrania.

Las fechas no son lo más ni lo único importante, sólo nos sirven para orientarnos cuales mapas para con un territorio. Cinco acontecimientos seleccionados de manera arbitraria que dan cuenta del lugar en el que estamos actualmente, de la zona de interferencia. Puntos de inflexión ¿ya históricos? Ya históricos de brevísima duración.

Volviendo al aforismo de Gramsci que mencionamos en uno de los párrafos anteriores, comprendemos que estamos atravesando un cambio de época que se hace cada vez más patente y notable. ¿Qué época sucederá a la vieja (todavía actual) época? ¿Cómo será la próxima época? Con certeza no podemos saberlo, pero sí podemos afirmar que el mundo no se va acabar, que esto es sólo un período más en su historia.

Por último, en el primer párrafo hablamos del “pasado siglo XX”. Las comillas no fueron casuales. Cabe preguntarnos cuán pasado es el siglo XX. Si el mismo no pervive de alguna forma en este siglo XXI. Si lo que va de este aún joven siglo no es una extensión o un apéndice del siglo XX. Quizá el siglo XX no fue un siglo corto como dijo un gran historiador británico, sino un siglo largo que persiste en lo que se da en llamar siglo XXI.

* Juan Pablo de María es Magíster en Relaciones Internacionales por FLACSO – Argentina y se desempeña como asesor del Senado de la Nación Argentina.

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