La ONU dice que más de un millón de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares a medida que el conflicto provoca niveles récord de desplazamiento. Esto es lo que los expertos creen que podría suceder en la nación africana.
Más de un millón de personas han huido de Sudán y han llegado al vecino Sudán del Sur, estableciendo un nuevo y sombrío récord en la actual crisis humanitaria provocada por casi dos años de conflicto. Esto es según nuevos datos publicados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Durante los últimos 21 meses, una guerra encarnizada entre las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) también ha obligado a alrededor de 11,4 millones a convertirse en desplazados internos. Sin embargo, para quienes han cruzado la frontera, la seguridad no está garantizada. Apenas la semana pasada estallaron disturbios en la capital de Sudán del Sur, Juba, después de los asesinatos reportados de ciudadanos de Sudán del Sur en la región de Al-Jazirah en Sudán. Los disturbios provocaron la muerte de al menos 16 refugiados sudaneses, lo que pone de relieve la volatilidad regional derivada del conflicto interno de Sudán.

La guerra en Sudán es mucho más que una simple batalla entre dos facciones armadas. Es una lucha compleja y multifacética, profundamente arraigada en rivalidades internas y exacerbada por la interferencia externa. Los expertos prevén tres posibles resultados para Sudán: una frágil reconciliación, una fragmentación territorial o una victoria militar decisiva del ejército sudanés.
En un país asolado por la violencia, la reconciliación entre las SAF y las RSF parece una opción lejana. Ambas facciones han estado enfrascadas en un intenso conflicto desde abril de 2023, cuando estallaron enfrentamientos entre fuerzas militares y paramilitares.
Para que la reconciliación sea posible, ambas partes necesitarían cambiar sus intereses estratégicos, al tiempo que se necesitaría una presión internacional sustancial y una mediación efectiva. Sin embargo, la violenta competencia por los recursos y el poder, junto con las arraigadas rivalidades, hacen que un acuerdo de paz sea improbable en el corto plazo.