Publicado en el marco del acuerdo de cooperación entre la Asociación de Consultores, Estrategas e Investigadores Políticos (ACEIPOL) y Horizonte Multipolar.
Por Helios Israel Ruiz Esparza Cano*
La historia no se repite, pero a veces rima. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, América Latina enfrenta un nuevo capítulo en su relación con EEUU, marcado por desafíos comerciales, tensiones diplomáticas y un estilo de gobierno más agresivo e impredecible. Pero, ¿es esta una oportunidad para redefinir las relaciones bilaterales o simplemente un ciclo de presiones y crisis que se repetirá con mayor intensidad?
Trump ha dejado claro desde su primer día de mandato que su prioridad es «América primero», y en esa ecuación, los países latinoamericanos no están en la lista de prioridades, salvo cuando se trata de inmigración, comercio o seguridad. Sus decisiones no han tardado en generar incertidumbre: aranceles a productos de México y Canadá, sanciones a Colombia por temas migratorios, tensiones con Cuba y Venezuela, y una política de contención frente a la creciente influencia China en la región. Cada uno de estos movimientos está obligando a los gobiernos latinoamericanos a repensar sus estrategias.
México y la cuerda floja del comercio
México ha sido históricamente el primer país en sentir los efectos de las decisiones de Trump. Su enfoque duro en materia comercial y migratoria ha vuelto a colocar a la nación en una posición incómoda: resistir la presión sin romper la relación.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha manejado la situación con prudencia, evitando confrontaciones abiertas y apostando por el diálogo. Su estrategia ha sido efectiva hasta ahora, logrando postergar la aplicación de aranceles con una negociación que mantiene el Tratado entre México, EEUU y Canadá (T-MEC) vigente sin modificaciones drásticas. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿hasta cuándo podrá mantener esta estabilidad?
Trump no es un negociador tradicional. Su método de presión constante busca desgastar a sus interlocutores hasta que ceden en algo, por mínimo que sea. Y México, al ser el mayor socio comercial de EEUU en la región, es su blanco perfecto. Para Sheinbaum, el reto será encontrar un equilibrio entre proteger la economía mexicana y evitar que Trump utilice la relación bilateral como una herramienta de campaña interna en su país.
Argentina: una apuesta diferente
Mientras México camina sobre una cuerda floja, Argentina ha tomado un camino distinto. Javier Milei ha sido el primer presidente en alinearse con Trump, buscando posicionar a su país como un aliado estratégico en la región. Su reunión con el mandatario estadounidense fue un gesto simbólico que refleja una visión común en temas económicos y políticos.
Sin embargo, este acercamiento no garantiza beneficios automáticos. EEUU ha demostrado en el pasado que su apoyo no es incondicional y que, incluso con aliados ideológicamente afines, su política exterior está sujeta a sus propios intereses. Milei deberá ser cuidadoso para que su apuesta por Trump no termine limitando su margen de maniobra en otras relaciones clave, como con China y Brasil, países fundamentales para la economía Argentina.
Colombia y la diplomacia del castigo
Uno de los países que más rápidamente ha sentido la dureza de la política exterior de Trump es Colombia. La negativa inicial del presidente Gustavo Petro a recibir vuelos con migrantes deportados desató una reacción inmediata: sanciones comerciales y una postura más agresiva de Washington.
Este episodio es un claro recordatorio de cómo Trump entiende la diplomacia: como un juego de fuerza donde quien no cede, paga un precio. Petro ha tenido que negociar bajo presión, logrando finalmente un acuerdo que evitó una escalada mayor. Pero el mensaje para otros gobiernos es claro: cualquier resistencia a las políticas migratorias de Trump traerá consigo represalias económicas.
Cuba, Venezuela y el regreso de la mano dura
El regreso de Trump también ha significado un endurecimiento de la política hacia Cuba y Venezuela. La reactivación de sanciones y la retórica de confrontación han puesto a estos países nuevamente en la mira de Washington.
En el caso de Cuba, la reinstauración del país en la lista de estados patrocinadores del terrorismo marca un retroceso en el proceso de normalización que se había intentado en administraciones anteriores. Para Venezuela, aunque Trump ha evitado hablar de intervenciones directas, su estrategia parece estar enfocada en una presión económica constante para debilitar al gobierno de Nicolás Maduro.
Lo que está en juego aquí no es solo la relación con EEUU, sino la manera en que otros países de la región responden a esta postura. La pregunta es si América Latina buscará una posición común o si cada país seguirá su propia estrategia individual frente a Trump.
El papel de China y el futuro de la región
Uno de los factores que hacen de este nuevo escenario algo más complejo es la creciente influencia de China en América Latina. En países como Chile, Brasil y Argentina, las inversiones chinas han aumentado significativamente en sectores clave como energía, telecomunicaciones e infraestructura.
Trump ha dejado claro que no ve con buenos ojos esta relación. En su primer mandato, buscó limitar la participación de empresas chinas en la región, y ahora ha retomado esa estrategia con un enfoque más agresivo. Para los países latinoamericanos, esto representa un dilema: ¿mantener los vínculos con China y arriesgar represalias de EEUU o ceder ante la presión de Trump y limitar su diversificación económica?
Una oportunidad en medio del caos
Si algo ha quedado claro con Trump es que la diplomacia tradicional no funciona con él. Sus decisiones son abruptas, sus discursos son volátiles y su estilo de gobierno es impredecible. Sin embargo, esta misma incertidumbre puede ser vista como una oportunidad para América Latina.
La región tiene la posibilidad de redefinir su relación con EEUU desde una postura más estratégica. No se trata solo de reaccionar a los movimientos de Trump, sino de anticiparse a ellos, buscando alternativas de diversificación económica, fortaleciendo alianzas regionales y manteniendo una postura firme pero pragmática.
Los gobiernos latinoamericanos deben entender que la clave no está en la confrontación directa ni en la sumisión total, sino en la construcción de una relación basada en intereses mutuos y no en presiones unilaterales. En este juego de ajedrez político, la mejor estrategia no es resistirse a cada movimiento de Trump, sino aprender a jugar con las reglas que él mismo ha impuesto, sin perder de vista los intereses a largo plazo de la región.
El 2025 ha comenzado con turbulencias, pero también con la oportunidad de replantear el rol de América Latina en el escenario global. La pregunta es: ¿están los líderes de la región preparados para enfrentar este desafío con inteligencia y visión estratégica? El tiempo dirá quiénes logran adaptarse y quiénes terminan atrapados en el torbellino de la política trumpista.
* Helios Ruiz Esparza Cano es presidente de ACEIPOL, especialista en cultura organizacional y creación de mensaje. Director General de “Helitics Consulting” y “CLIE”; Estudió Administración y Derecho, ha participado en campañas federales y locales, ha sido y es asesor de funcionarios públicos, tiene experiencia en los Poderes Ejecutivo (Federal), Legislativo (Local y Federal) y Judicial (Ex secretario técnico de la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos).