China exige a Estados Unidos detener sus amenazas militares contra Cuba
Beijing condenó las amenazas militares y la intensificación del bloqueo estadounidense contra Cuba.

China reclamó este jueves a Estados Unidos que abandone de inmediato las amenazas de recurrir a la fuerza contra Cuba y ponga fin a todas las formas de bloqueo y coerción económica aplicadas contra el país caribeño. La declaración fue realizada por el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, en medio de una nueva escalada de las tensiones entre Washington y La Habana.
El pronunciamiento de Beijing se conoció después de que CBS News informara que altos funcionarios de Defensa estadounidenses analizan diferentes escenarios militares relacionados con Cuba. Según el medio, la evaluación de alternativas no significa que el presidente Donald Trump haya adoptado una decisión definitiva ni que exista una operación aprobada, pero confirma que la opción militar forma parte de las discusiones dentro de la Administración estadounidense.
Frente a esas versiones, Lin Jian advirtió que “el uso o la amenaza del uso de la fuerza constituye un grave quebrantamiento de la Carta de las Naciones Unidas” y sostuvo que este tipo de acciones pone en riesgo la paz y la seguridad tanto regional como mundial. El portavoz instó a Washington a respetar la soberanía cubana y a evitar cualquier paso que profundice la inestabilidad en el Caribe.
Desde Beijing, el funcionario reafirmó además el respaldo de China a Cuba en la defensa de su independencia, su soberanía nacional y su derecho a rechazar las injerencias externas. Asimismo, aseguró que el Gobierno chino está dispuesto a trabajar junto con la comunidad internacional para proteger la equidad, la justicia y los principios fundamentales que regulan las relaciones internacionales.
En relación con las medidas económicas, Lin Jian exigió a Estados Unidos escuchar los reclamos de la comunidad internacional, terminar con el bloqueo y cesar las políticas que vulneran los derechos a la subsistencia y al desarrollo del pueblo cubano. China ha condenado reiteradamente el sistema de sanciones mantenido por Washington durante más de seis décadas y lo considera una de las principales causas del deterioro de las condiciones materiales en Cuba.
A comienzos de 2026, la Administración Trump amplió su estrategia de “máxima presión” al autorizar la posible imposición de aranceles contra los países que suministren petróleo a Cuba. Washington justificó la decisión mediante la declaración de una supuesta emergencia vinculada con la seguridad nacional y la política exterior estadounidense. La medida busca dificultar el abastecimiento energético de la isla y presionar también a terceros Estados que mantengan vínculos comerciales con La Habana.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció que estas disposiciones agravan la crisis económica, energética y social del país, al obstaculizar el funcionamiento del transporte, la producción de alimentos, el sistema sanitario y la generación eléctrica. La presión sobre los proveedores de combustible ha intensificado los apagones y las dificultades para acceder a productos básicos, en un contexto marcado tanto por las sanciones estadounidenses como por los problemas estructurales de la economía cubana.
La ofensiva de Washington incorporó además un frente judicial. En mayo, el Departamento de Justicia estadounidense anunció una acusación ampliada contra el expresidente cubano Raúl Castro y otros cinco antiguos oficiales por su presunta responsabilidad en el derribo, ocurrido el 24 de febrero de 1996, de dos aeronaves vinculadas con la organización de exiliados Hermanos al Rescate. El episodio provocó la muerte de cuatro tripulantes y continúa siendo uno de los principales puntos de confrontación entre el Gobierno cubano y los sectores anticastristas radicados en Florida.
La combinación de amenazas militares, bloqueo energético, sanciones contra terceros países y acciones judiciales evidencia una ampliación de la presión estadounidense sobre Cuba. Para Beijing, esta política no constituye únicamente una disputa bilateral, sino un desafío directo a la soberanía de los Estados y al principio de no intervención, en un escenario internacional cada vez más atravesado por la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos.