India y Mercosur: diversificar para ganar autonomía
India y Mercosur buscan profundizar sus vínculos comerciales en un contexto de reacomodamientos geopolíticos y creciente competencia entre potencias.

El anuncio conjunto entre el Mercosur y la India de ampliar el Acuerdo de Preferencias Comerciales vigente desde 2009, sumado a la firma de un protocolo para digitalizar los certificados de origen, supone un nuevo paso hacia la profundización de un vínculo con altas potencialidades de cooperación que trasciende lo comercial. Tomando en cuenta su fuerte crecimiento económico, así como sus capacidades científico técnicas y su relevancia en el marco de los BRICS, la India se proyecta cada vez más como un actor clave en un mundo crecientemente fragmentado. Por ello, en tiempos de tensiones arancelarias y realineamientos geopolíticos a nivel global, que el Mercosur y la India profundicen sus lazos económicos es una buena noticia para la diversificación de mercados que tanto necesita la región.
El intercambio bilateral rondó los 21.000 millones de dólares en 2025, con India ofreciendo rebajas arancelarias en 450 líneas y el Mercosur en 452. Son cifras que, sin embargo, están lejos del potencial real de dos economías que juntas representan a casi 1.700 millones de personas. Esta brecha entre el intercambio actual y su potencial se explica, en parte, por una complementariedad productiva no del todo aprovechada. Mientras India ofrece capacidades en sectores como farmacéutica, tecnología, maquinaria y productos químicos, el Mercosur dispone de una amplia base agroindustrial, energética y de recursos naturales.
Brasil, miembro fundador de los BRICS, lidera esta reaproximación tras el compromiso asumido por el presidente Lula da Silva y el primer ministro Narendra Modi de aumentar el comercio bilateral a 20.000 millones de dólares en cinco años, dando un nuevo impulso al acercamiento entre India y Mercosur. A su vez, el establecimiento de un diálogo técnico entre las partes, incluido el trabajo en el marco del Comité de Administración Conjunta, y el objetivo de cerrar la negociación en el plazo de un año muestran una hoja de ruta concreta en ese sentido. Sin embargo, ambas partes todavía deben acordar los términos de referencia que determinarán el alcance efectivo de la ampliación del acuerdo.
Para Uruguay, este proceso llega en un momento especialmente favorable. Sin ser miembro pleno de los BRICS, el país ha venido incrementando su participación en los espacios de diálogo ampliado del bloque, donde participó como invitado en la última cumbre de Nueva Delhi, estrechando vínculos con India y proyectándose como puente entre el Mercosur y el sur global.
En este contexto, si la ampliación del acuerdo logra traducirse en menos barreras no arancelarias y mayor previsibilidad regulatoria, ello contribuiría a ampliar una red de socios comerciales que reduzca la excesiva concentración de la inserción externa del Mercosur en torno a Estados Unidos, China y la Unión Europea.
Resulta importante remarcar que la creciente presencia india en América Latina se produce en un escenario marcado por una mayor competencia entre potencias por mercados, recursos y espacios de influencia, mientras que la heterogeneidad de posturas frente al BRICS dentro del Mercosur podría diluir cualquier estrategia común de la región. No obstante ello, en un mundo signado por tensiones y reacomodamientos geopolíticos, sentarse en la mesa de negociación con más de una potencia emergente amplía las opciones de un Mercosur urgido por una proyección internacional más asertiva.
