Trump vuelve a amenazar a Cuba mientras se le complica la guerra contra Irán

En medio de un escenario internacional cada vez más tenso, Donald Trump volvió a colocar a Cuba en el centro de su discurso agresivo. El mandatario estadounidense insistió este lunes con una retórica de amenaza hacia la isla, justo cuando se profundizan las dificultades energéticas cubanas por las sanciones petroleras dictadas desde Washington y, al mismo tiempo, se prolonga la guerra en Irán con costos crecientes para EEUU.

Ante la prensa en la Casa Blanca, Trump recurrió a expresiones de tono abiertamente intervencionista para referirse al país caribeño. “Tomar Cuba, eso sería un gran honor. Tomar Cuba de alguna forma”, afirmó, antes de añadir que “podría hacer lo que quisiera con ella”. La embestida verbal no aparece aislada, forma parte de una secuencia más amplia que se intensificó desde finales de 2025, acompañada por un mayor despliegue militar estadounidense en el Caribe y por nuevas amenazas lanzadas tras el ataque contra Venezuela del 3 de enero, cuando escribió en Truth Social que “no habrá más petróleo ni dinero” para la isla y exigió un entendimiento “antes de que sea demasiado tarde”.

Lejos de tratarse de una frase improvisada, el tono de Trump viene endureciéndose desde hace meses. En enero ya había deslizado que “entrar y destrozar” Cuba podía ser la única alternativa que le quedaba a su Administración para empujar un cambio de régimen. Ahora volvió a combinar esa línea hostil con referencias superficiales a una “isla preciosa” y de “paisajes bonitos”, aunque inmediatamente reforzó el mensaje de asfixia al remarcar que “no tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada”.

Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel confirmó el viernes que hace más de tres meses no entra un barco de petróleo al país. Ese corte en los suministros se vincula directamente con la orden ejecutiva firmada por Trump el 29 de enero, cuando declaró una emergencia nacional y presentó a Cuba como una “amenaza extraordinaria e inusual” para justificar aranceles contra bienes y productos de países que abastezcan de crudo, de manera directa o indirecta, a la isla. El resultado ha sido un agravamiento de la crisis económica y energética, con efectos severos sobre el transporte, la educación, la red hospitalaria, la distribución de alimentos y otros servicios esenciales.

Sobre ese trasfondo, la ofensiva de Washington vuelve a exhibir su carácter de castigo colectivo. La decisión no solo vulnera principios básicos del derecho internacional y de la libertad de comercio, sino que intensifica el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero que pesa desde hace décadas sobre el pueblo cubano. La presión no recae sobre una estructura abstracta de poder, sino sobre la vida cotidiana de millones de personas sometidas a mayores niveles de escasez, precariedad y deterioro de condiciones materiales.

Aun cuando en fechas recientes Trump llegó a hablar de “una toma amistosa de Cuba”, sus mensajes nunca dejaron de insinuar coerción y amenaza. El 7 de marzo aseguró que la isla estaba llegando “al final del camino”. Más tarde, luego de que Díaz-Canel informara sobre conversaciones iniciales con EEUU en torno a diferencias bilaterales y anunciara la excarcelación anticipada de 51 sancionados a privación de libertad en un acuerdo con el Vaticano, el mandatario estadounidense reforzó la presión con otra advertencia: “Creo que muy pronto o llegamos a un acuerdo o haremos lo que haya que hacer”.

Mientras tanto, la nueva escalada verbal contra Cuba coincide con un momento de desgaste para la propia administración republicana. La guerra contra Irán, que Trump había presentado como una operación breve, sigue abierta; los misiles y drones iraníes continúan golpeando instalaciones estadounidenses; el Pentágono reconoce al menos 13 muertos y unos 140 heridos, con posibilidad de que la cifra aumente. A eso se añaden el aumento del precio de la gasolina, la incertidumbre de los mercados, el desempleo en ascenso, el retroceso en otros frentes de política interna y externa. En ese cuadro, la amenaza contra Cuba reaparece como parte de una estrategia de endurecimiento destinada a proyectar fuerza en medio de un escenario cada vez más adverso.

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