Colombia en vilo: Cepeda lleva al escrutinio una elección mínima y la derecha celebra antes del fallo oficial
Colombia queda en suspenso tras un balotaje definido por décimas. Iván Cepeda impugnó 33.000 mesas y llamó a esperar el escrutinio oficial, mientras Washington se apresura a respaldar a De la Espriella.

La segunda vuelta presidencial dejó a Colombia frente a un escenario de incertidumbre institucional y disputa política abierta. Con el preconteo todavía sin valor definitivo, Abelardo de la Espriella aparecía con el 49,6 por ciento de los sufragios, apenas por encima del 48,7 por ciento obtenido por Iván Cepeda. La distancia, estimada en torno a 250 mil votos, llevó al presidente Gustavo Petro y al candidato del Pacto Histórico a reclamar prudencia, verificación y respeto por el escrutinio oficial.
En una elección que convocó a más de 41 millones de ciudadanos, el país resolvía mucho más que una alternancia presidencial. El resultado preliminar favorecía por un margen estrechísimo al abogado De la Espriella, figura excéntrica de la ultraderecha colombiana, quien prometió revertir el rumbo social abierto durante el Gobierno de Petro mediante una agenda de endurecimiento de la seguridad y ajuste del gasto público. Cepeda, en cambio, representó la posibilidad de preservar las reformas sociales, sostener el proceso de paz y evitar un giro alineado con la agenda hemisférica de Washington.
Desde el teatro Royal Center de Bogotá, el candidato del Pacto Histórico anunció la impugnación de 33.000 mesas distribuidas en todo el territorio nacional y trasladó la definición al procedimiento legal correspondiente. El senador remarcó que el preconteo es apenas una herramienta informativa, sin carácter oficial ni vinculante, y subrayó que la elección quedó marcada por la diferencia más ajustada en una segunda vuelta presidencial colombiana. Ante su militancia, pidió revisar mesa por mesa, formulario por formulario y acta por acta. “Vamos a escrutinios”, sintetizó su comando.
Lejos de desconocer la institucionalidad, el dirigente progresista dejó sentado que el Pacto Histórico y las organizaciones de la Alianza por la Vida respetarán el resultado una vez concluidas todas las verificaciones. Al mismo tiempo, llamó a quienes votaron por la opción contraria a construir un acuerdo nacional capaz de enfrentar las desigualdades, la violencia política y las deudas estructurales que atraviesan a Colombia. Estamos dispuestos al diálogo respetuoso, remarcó.
También el presidente Petro intervino para ordenar el clima poselectoral. A través de X, el mandatario pidió impugnar aquellas mesas cuyos formularios E14 circulen sin la firma de los jurados y recordó que ninguno de los candidatos logró superar el 50 por ciento de los votos. “Es el escrutinio el que determina quién es el presidente”, afirmó. Luego completó su posición con una definición institucional: “Obedezco a los jueces”.
En este sentido, la izquierda colombiana no planteó una espera pasiva. En otro mensaje, Cepeda sostuvo que el campo progresista no permitirá retrocesos en las conquistas sociales alcanzadas durante la gestión de Petro. Su planteo combinó respeto por la vía electoral con una advertencia política referente a la defensa de los derechos conquistados, asegurando que no quedará reducida a los despachos ni a los expedientes, sino que también se expresará en la movilización popular.
El proceso que sigue será decisivo. Primero debe completarse el escrutinio municipal; luego vendrá la revisión departamental, bajo responsabilidad de los delegados del Consejo Nacional Electoral; finalmente, la consolidación nacional quedará en manos de las magistradas y los magistrados de ese organismo. El registrador Hernán Penagos fue categórico al marcar los límites de su institución: “La Registraduría no cuenta votos, la Registraduría no declara los resultados”.
La proclamación presidencial, por tanto, no depende del entusiasmo de los comandos de campaña ni de los saludos prematuros desde el exterior. Por mandato constitucional, corresponde al Consejo Nacional Electoral declarar oficialmente al ganador. En una elección definida por décimas, con miles de mesas impugnadas y un país partido en dos, esa instancia adquiere un peso político e institucional extraordinario.
El balotaje colombiano también excede las fronteras nacionales. En juego está la continuidad del proceso de paz firmado en La Habana en 2016, la orientación de la política social y el lugar de Colombia en la disputa geopolítica continental. Una eventual victoria de De la Espriella representaría para Donald Trump la recuperación de un aliado estratégico en Sudamérica, en momentos en que Washington busca recomponer su influencia regional frente al avance de proyectos soberanos y multipolares.
La reacción estadounidense confirmó esa dimensión. Marco Rubio, secretario de Estado, se apresuró a publicar que habló con De la Espriella para felicitarlo, pese a que el resultado aún no fue proclamado por la autoridad competente. “La administración Trump espera trabajar estrechamente con su próxima administración para avanzar en la cooperación en materia de seguridad regional”, señaló. Para la Casa Blanca, Colombia no es solo una elección; es una pieza clave en su intento de disciplinar nuevamente el mapa político latinoamericano.