La relación entre La Habana y Moscú volvió a exhibir sintonía política este jueves 12 de marzo, cuando los cancilleres Serguéi Lavrov y Bruno Rodríguez mantuvieron una conversación telefónica centrada en la defensa de la soberanía cubana. Desde la parte rusa se transmitió un mensaje de apoyo explícito al derecho de la isla a decidir sin injerencias externas el rumbo de su desarrollo.
Durante el intercambio, Rusia reiteró su condena a la estrategia de coerción económica y política impulsada por EEUU contra Cuba. El mensaje de Lavrov apuntó a cuestionar la continuidad de un esquema de hostigamiento que, desde la óptica de Moscú, busca condicionar las decisiones internas de la nación caribeña mediante sanciones y medidas de asfixia.
La llamada también tuvo un componente práctico. Ambos ministros revisaron los preparativos de la 23ª sesión de la Comisión Intergubernamental ruso-cubana, prevista para abril en territorio ruso, una instancia que volverá a colocar en agenda la cooperación bilateral en áreas estratégicas.
El contacto entre ambos gobiernos se produce poco después de la visita de trabajo realizada por Bruno Rodríguez a Moscú en febrero, donde las dos partes reforzaron su voluntad de ampliar vínculos en un escenario internacional atravesado por fuertes tensiones geopolíticas. Ese acercamiento adquirió mayor relieve ante el recrudecimiento de las sanciones unilaterales promovidas por Washington contra la economía cubana.
En ese marco, Lavrov volvió a reclamar que cualquier diferencia sea abordada por la vía del entendimiento y el respeto mutuo, y no a través de amenazas o imposiciones. Al mismo tiempo, rechazó los señalamientos estadounidenses que intentan presentar la cooperación entre Rusia y Cuba como un riesgo para la seguridad de EEUU.
La controversia volvió a escalar a fines de enero, cuando Donald Trump firmó una orden ejecutiva que define a Cuba como una supuesta “amenaza inusual y extraordinaria” y habilita la imposición de aranceles sobre productos originarios de países que abastezcan de petróleo a la isla. Frente a ese endurecimiento, Moscú y La Habana buscan consolidar una coordinación política que desafía abiertamente la presión de Washington.




























