Tras cinco días de silencio frente a una denuncia que sacude a la Casa Rosada, el presidente Javier Milei salió a defender a su hermana Karina, acusada de estar involucrada en una presunta red de sobornos vinculada a la compra de medicamentos.
Lejos de aportar precisiones, el mandatario eligió apuntar contra el kirchnerismo, al que responsabilizó de “sembrar el caos” y de montar una “operación política”. Sin embargo, su intervención dejó más preguntas que respuestas: no explicó por qué su hermana aparece mencionada en la investigación ni cómo responderá el Gobierno a la sospecha de corrupción.
La estrategia de Milei, centrada en la confrontación y en esquivar los hechos concretos, refuerza la percepción de un Ejecutivo replegado en el discurso y sin voluntad de rendir cuentas.
El escándalo, además, amenaza con repercusiones en la provincia de Buenos Aires, el distrito electoral más importante del país y clave para el futuro político de La Libertad Avanza. Dirigentes opositores ya anticipan que la denuncia podría erosionar la credibilidad del oficialismo en el conurbano, donde la figura de Karina Milei es central en la organización territorial. A semanas de definirse candidaturas locales, la sombra de la corrupción podría convertirse en un lastre para los libertarios frente a un electorado sensible a los escándalos de gestión.
Mientras tanto, la Justicia comienza a dar los primeros pasos en una causa que no solo compromete a la funcionaria más influyente del Gobierno, sino que también puede alterar el tablero electoral bonaerense y debilitar las aspiraciones de Milei de consolidar poder en el distrito que define cualquier elección nacional.




























