Xi Jinping reivindica los 105 años del Partido Comunista de China
China conmemoró los 105 años del PCCh con un discurso de Xi Jinping centrado en la modernización socialista, la disciplina interna, la lucha contra la corrupción y el papel del país en un mundo en transformación.

Beijing volvió a colocar al Partido Comunista de China en el centro de su relato histórico durante la conmemoración por el 105º aniversario de la organización. En una ceremonia encabezada este miércoles 1 de julio en el Gran Palacio del Pueblo, el presidente Xi Jinping reivindicó al PCCh como el núcleo político que condujo la transformación del país desde una situación de pobreza, fragmentación e intervención extranjera hasta su actual condición de potencia global.
Para Xi, el nacimiento del Partido en 1921 marcó un punto de inflexión decisivo en la historia china. Según sostuvo, en medio del despertar nacional y de la articulación entre el marxismo-leninismo y el movimiento obrero chino, el pueblo encontró una “columna vertebral” capaz de orientar una transformación histórica profunda. En ese marco, calificó los 105 años de trayectoria partidaria como la “más grandiosa epopeya” de la nación china.
La organización, que comenzó con poco más de 50 integrantes, es hoy el partido gobernante más grande del mundo. De acuerdo con el último censo interno, el PCCh reúne cerca de 101,29 millones de militantes y más de 5,43 millones de organizaciones de base, una estructura territorial y política que le permite sostener presencia en todos los niveles del Estado, la economía y la sociedad.
En su balance histórico, Xi remarcó que el Partido mantuvo como misión fundacional la búsqueda de la felicidad del pueblo chino y la revitalización de la nación. Bajo esa lectura, atribuyó al PCCh los logros de la revolución de nueva democracia, la revolución y construcción socialista, la reforma y apertura, la modernización socialista y la etapa actual del socialismo con características chinas.
El mandatario también sostuvo que la organización permitió derribar lo que la tradición política china denomina las “tres grandes montañas”: el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático. Desde esa perspectiva, la fundación de la Nueva China habría puesto fin al carácter semicolonial y semifeudal del viejo orden, abriendo paso a una mejora sostenida en las condiciones de vida, desde la superación de la escasez básica hasta la construcción de una sociedad moderadamente próspera.
Otro eje del discurso estuvo centrado en la modernización. Xi afirmó que China completó en pocas décadas un proceso de industrialización que a los países desarrollados les llevó varios siglos, combinando crecimiento económico acelerado con estabilidad social prolongada. Para la dirigencia china, ese recorrido confirma la vigencia del socialismo con características chinas como vía propia de desarrollo.
La dimensión ideológica ocupó un lugar destacado en la intervención presidencial. Xi defendió la adaptación del marxismo a las condiciones nacionales y a la cultura tradicional china, una línea que —según enumeró— dio lugar al pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping, la Triple Representatividad, la Perspectiva Científica del Desarrollo y el Pensamiento sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era.
Frente a un escenario internacional que describió como turbulento e incierto, el presidente chino pidió reforzar la preparación ante riesgos, coordinar desarrollo y seguridad, y elevar la capacidad del Partido para anticipar cambios y responder a desafíos. “El tiempo no espera a nadie, y la historia tampoco”, advirtió, al llamar a los cuadros a “no dejarse intimidar por las nubes pasajeras y mantener el rumbo a pesar del viento y las olas”.
Hacia el cierre, Xi vinculó la continuidad del proyecto chino con la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad, la defensa de la paz, el desarrollo, la cooperación y el beneficio mutuo. También insistió en profundizar la disciplina interna, fortalecer la construcción política del Partido y sostener la lucha contra la corrupción, con la meta de convertir a China, hacia mediados de siglo, en un gran país socialista moderno y cumplir el Segundo Objetivo Centenario.