Luiz Inácio Lula da Silva volvió a insistir este domingo 22 de febrero en que los países del Sur Global necesitan actuar como un bloque para cambiar las reglas de la economía mundial. Antes de viajar a Corea del Sur, sostuvo que las naciones en desarrollo no pueden sentarse solas a negociar con las superpotencias sin pagar costos: la única forma de evitar pérdidas es coordinar posiciones y hablar con una sola voz.
En su diagnóstico, el sistema internacional todavía funciona con una lógica colonial, tanto en lo tecnológico como en lo económico. Lula planteó que esa dependencia no se rompe con discursos aislados sino con cooperación concreta entre países que comparten problemas estructurales y que, por lo mismo, pueden diseñar soluciones comunes.
En ese esquema, el presidente brasileño destacó el papel de los BRICS como una plataforma clave para sostener un reequilibrio global. Señaló que el grupo dejó de ser un actor marginado y que hoy cuenta con herramientas propias —como su banco— para ampliar márgenes de autonomía y financiamiento.
Lula subrayó que la apuesta no es encender una nueva Guerra Fría. Por el contrario, explicó que el objetivo es integrarse con más peso en los organismos globales y empujar cambios desde adentro, para que el poder no siga concentrado en los centros tradicionales que dictan reglas y condiciones.
Al hablar de descolonización financiera, volvió sobre una idea que viene repitiendo: ampliar el comercio en monedas locales para reducir la dependencia del dólar. Según explicó, se trata de una decisión pragmática para bajar costos y riesgos operativos de las economías emergentes, sin convertir esa estrategia en una confrontación directa.
El mandatario también puso el foco en la estructura productiva. Para él, el Sur Global debe avanzar hacia el procesamiento propio de sus recursos estratégicos —como los minerales críticos— y dejar de funcionar como proveedor de materias primas baratas para cadenas de valor que se completan en otros países.
En política exterior, reafirmó su apoyo al multilateralismo y a una ONU con mayor legitimidad y capacidad de acción. Criticó las intervenciones unilaterales en países como Venezuela y Palestina y exigió respeto a la soberanía nacional. Además, al referirse a su vínculo con Donald Trump, dijo que espera discutir si el papel de EEUU en Sudamérica será de ayuda o de amenaza. En ese sentido, ofreció cooperación contra el crimen organizado transnacional, pero solo si Washington muestra un interés real y no injerencista.



























