El presidente argentino Javier Milei volverá a mostrarse este jueves en sintonía con la agenda de Donald Trump durante un encuentro en el Foro Económico Mundial, donde ambos participarán de la firma del acta constitutiva de la denominada “Junta de la Paz”, un organismo impulsado desde Washington que ya despierta más preguntas que consensos. El esquema prevé una adhesión inicial por invitación y con fecha de vencimiento: tres años, salvo para quienes estén dispuestos a pagar el precio de una membresía perpetua.
Según consignó Tiempo Argentino, “la gran pregunta es si la Argentina aportará la ‘contribución’ de 1.000 millones de dólares que el presidente de Estados Unidos pretendería que ponga cada país integrante para asegurarse la pertenencia por al menos tres años al nuevo ‘invento’ de Trump. Esa pretensión del mandatario republicano no es oficial, sino que trascendió en un borrador de lo que sería el estatuto fundacional del organismo publicado en los últimos días por varios medios internacionales”. El monto, en un país atravesado por ajuste, recortes y caída del poder adquisitivo, suena menos a cooperación que a peaje político.
La ceremonia reunirá a un grupo heterogéneo de Estados, con presencia confirmada de Kazajistán, Uzbekistán, Bielorrusia, Hungría, Canadá, Paraguay, Israel, Arabia Saudita, Turquía, Egipto, Jordania, Indonesia, Pakistán, Qatar y la Argentina. La lista, lejos de reflejar un consenso global, expone una selección arbitraria y funcional a los intereses del impulsor del proyecto.
No es casual que varios países invitados hayan optado por declinar o directamente no confirmar su asistencia. Trump no sólo presidirá el acto, sino que se arroga la potestad exclusiva de definir quién integra la Junta y de ejercer poder de veto. Además, designó un comité ejecutivo compuesto por figuras de su extrema confianza, entre ellas el secretario de Estado Marco Rubio, su yerno Jared Kushner y el ex primer ministro británico Tony Blair, una nómina más cercana a un directorio corporativo que a un organismo multilateral.
La confirmación de Israel llegó sobre la hora y no sin fricciones. El gobierno israelí había manifestado reparos iniciales ante la inclusión del tema Gaza en la agenda, un punto que terminó de subrayar la sensibilidad —y la unilateralidad— del proyecto.
El diseño institucional de la Junta establece que sólo los países que aporten más de mil millones de dólares accederán a una membresía permanente sin límite temporal, una cifra lisa y llanamente inalcanzable para la Argentina actual. Para completar el cuadro, el organismo se propone administrar la ocupación de Gaza —como si el genocidio fuera poco— mediante un “gobierno técnico” integrado por palestinos ajenos a la resistencia de Hamás, una fórmula que reduce la autodeterminación a una cuestión de gerenciamiento y confirma el sesgo colonial del nuevo invento trumpista.




























