Uruguay y la guerra de Ucrania: la incómoda presencia de mercenarios en el frente
Documentos analizados confirman la participación de ciudadanos uruguayos como combatientes en la guerra de Ucrania, incluidos casos de muertos cuyas familias no han podido recuperar los cuerpos ni acceder a seguros. El artículo cuestiona los mecanismos de reclutamiento, la falta de seguimiento consular y la ausencia de debate público en Uruguay sobre este fenómeno.

La eventual apertura de una representación diplomática de Ucrania en Uruguay debería abrir, además de la discusión estrictamente diplomática, un debate sobre un fenómeno mucho más delicado, que es la presencia de ciudadanos uruguayos combatiendo en territorio ucraniano.
Según la documentación analizada por Horizonte Multipolar, existirían al menos una decena de ciudadanos uruguayos vinculados como combatientes a estructuras militares ucranianas, algunos de ellos con participación directa en operaciones de combate. El mismo material registra casos de uruguayos que habrían muerto durante la guerra y cuyas familias, según la documentación, habrían enfrentado dificultades para recuperar los cuerpos o acceder a seguros vinculados al servicio militar.
Uno de los casos documentados corresponde a un ciudadano uruguayo que habría integrado una unidad de la Guardia Nacional de Ucrania y que desapareció durante una misión de combate en las proximidades de Kupiansk, en la región de Járkiv, a fines de 2025. La documentación sostiene que las autoridades ucranianas no habrían logrado recuperar el cadáver y que la familia habría recibido indicaciones para realizar presencialmente en Ucrania determinados trámites vinculados al seguro de vida.
Otro caso consignado corresponde a un uruguayo fallecido en julio de 2025, también vinculado a una brigada de la Guardia Nacional ucraniana. Según el documento, su familia tampoco habría conseguido recuperar el cuerpo ni acceder al financiamiento correspondiente al seguro.
La información disponible también menciona a ciudadanos uruguayos que habrían cumplido diferentes funciones dentro de las fuerzas ucranianas, desde combatientes e instructores de drones hasta personas con antecedentes de servicio militar en Uruguay. En un caso, la documentación señala que un ciudadano había prestado servicios durante 12 años en la Armada uruguaya antes de trasladarse a Ucrania.
Una pregunta que Uruguay todavía no parece haberse formulado
El punto central no es solamente cuántos uruguayos viajaron a Ucrania. La cuestión es qué significa para Uruguay que ciudadanos nacidos en el país estén participando activamente de una guerra extranjera y, eventualmente, mueran en ella.
La existencia de combatientes uruguayos en Ucrania tampoco debería ser presentada como una simple anécdota individual. Cuando se habla de una cifra que podría alcanzar al menos una decena de personas, y cuando aparecen casos de fallecidos y de combatientes integrados formalmente a unidades militares ucranianas, surge una dimensión política y de seguridad que merece ser investigada.
También obliga a distinguir entre categorías que muchas veces se utilizan indistintamente, tales como voluntarios extranjeros, combatientes contratados, integrantes de unidades regulares y mercenarios. En este sentido, si bien la documentación analizada acredita la existencia de uruguayos vinculados a estructuras militares ucranianas, no permite por sí sola determinar jurídicamente que todos ellos sean mercenarios en el sentido establecido por el derecho internacional. Esa precisión es fundamental para no convertir una preocupación legítima en una afirmación imposible de demostrar.
Pero existe otra pregunta todavía más incómoda: ¿qué mecanismos de reclutamiento permiten que ciudadanos uruguayos terminen integrados en una guerra que se desarrolla a miles de kilómetros de su país?
El riesgo de que la guerra llegue a Uruguay por otras vías
La posibilidad de que Ucrania profundice su presencia diplomática en Montevideo introduce una preocupación adicional. Una representación diplomática no implica, por sí misma, actividades de reclutamiento militar. Sin embargo, en un contexto de guerra y ante la existencia comprobable de ciudadanos uruguayos que ya participaron en el conflicto, Uruguay debería contar con mecanismos capaces de identificar y prevenir cualquier eventual utilización de su territorio como plataforma de captación de combatientes extranjeros.
No se trata de impedir que un ciudadano tome decisiones personales sobre su vida. Se trata de establecer dónde termina la decisión individual y dónde comienza una estructura organizada de reclutamiento, entrenamiento, traslado y participación en una guerra extranjera.
La cuestión adquiere todavía mayor relevancia cuando algunos de los combatientes documentados tendrían experiencia militar previa.
Esto plantea interrogantes que deberían ser respondidos por las autoridades uruguayas: ¿cuántos ciudadanos viajaron? ¿Bajo qué condiciones fueron incorporados? ¿Quién financió sus traslados? ¿Qué tipo de contrato suscribieron? ¿Qué mecanismos de reclutamiento fueron utilizados? ¿Existe seguimiento consular? ¿Y qué ocurre cuando un ciudadano uruguayo muere combatiendo en una guerra extranjera?
Una discusión que no debería ser silenciada
Uruguay ha construido históricamente una identidad internacional vinculada a la defensa del derecho internacional, la solución pacífica de controversias y la protección de la vida humana. Precisamente por eso, la presencia de ciudadanos uruguayos participando directamente en una guerra internacional merece algo más que silencio.
La discusión tampoco debería quedar atrapada en la polarización entre quienes justifican la guerra de Ucrania y quienes cuestionan la política occidental frente a Rusia. El problema es anterior a esa disputa, puesto que ciudadanos uruguayos están muriendo en una guerra que no se desarrolla en territorio uruguayo.
Sus familias enfrentan las consecuencias, y el Estado uruguayo debería saber qué está ocurriendo.
En este sentido, la eventual apertura de una nueva representación diplomática ucraniana puede ser una oportunidad para fortalecer las relaciones bilaterales, pero también debería servir para formular preguntas que hasta ahora parecen haber quedado relegadas: ¿qué papel está teniendo Uruguay, directa o indirectamente, en el reclutamiento de combatientes para una guerra extranjera?
Mientras esas respuestas no existan, la presencia de al menos una decena de uruguayos vinculados al frente ucraniano —incluidos casos de fallecidos— seguirá siendo una zona gris que merece investigación, transparencia y debate público.