Las obras del muro fronterizo impulsadas por EEUU volvieron a quedar bajo cuestionamiento tras una denuncia de pobladores de la región binacional entre México y la potencia norteamericana, quienes acusaron a la Administración estadounidense de haber utilizado dinamita en un área sagrada y arqueológica de los pueblos originarios. La acusación sostiene que las explosiones dañaron un sitio ceremonial de enorme valor histórico y espiritual en la zona montañosa que comparten ambos países.
El lugar afectado se encuentra en Tecate Peak, en el sector conocido como Tecatito, California. Según residentes del Valle de la Lechuza, allí existen cementerios, puntos rituales y vestigios fundamentales de la memoria indígena de la región, entre ellos el monolito más grande de la montaña sagrada. La denuncia se concentró especialmente en las detonaciones realizadas en las faldas del cerro Cuchumá, un sitio ceremonial yumano donde las explosiones alcanzaron un monolito de 35 metros.
La construcción del muro comenzó durante el primer mandato de Donald Trump y avanzó inicialmente por Mexicali, para luego extenderse a zonas urbanas de Tijuana y Tecate. El dispositivo fronterizo fue levantado con estructuras de acero de 12 metros de largo, con dos metros enterrados y bases de cemento, en una estrategia orientada a impedir el cruce de migrantes hacia territorio estadounidense.
Sin embargo, el eje del reclamo no se limita al avance físico de la valla. Las comunidades remarcaron que el área intervenida constituye uno de los territorios más significativos para el pueblo kumiai, no solo por su dimensión patrimonial, sino también por su valor ceremonial y espiritual. En Estados Unidos, ese carácter fue reconocido formalmente el 26 de octubre de 1992, cuando Tecate Peak fue inscrito en el Registro Nacional de Sitios Históricos por su importancia cultural y ceremonial ancestral.
Frente a los daños, los pobladores advirtieron sobre las consecuencias ambientales, culturales y simbólicas de la intervención. «La alteración física del sitio implica una afectación directa a prácticas culturales vivas, conocimiento ancestral y formas de relación con el territorio», dijeron quienes denunciaron las explosiones. Por su parte, el investigador Everardo Garduño documentó en esa área 71 elementos rituales y funerarios, y señaló que la valla metálica divide el territorio tradicional kumiai, impone una fractura entre dos nacionalidades y destruye espacios de profundo significado espiritual.
No se trata de la primera reacción de este tipo. En 2020, comunidades kumiai de México y EEUU ya habían protestado por el uso de explosivos durante la construcción del muro en sectores donde había tumbas y restos óseos de sus ancestros. «La construcción de la valla nos afecta porque marca a tajo la separación. Estamos pasando por encima de todo como humanidad», afirmó el compositor y productor musical Tonalli Magaña Guzmán, habitante de la región, al resumir el alcance de un conflicto que vuelve a poner en debate la protección de un sitio histórico y sagrado que las comunidades consideran indispensable preservar.



























