La llegada del portaviones nuclear USS Nimitz a aguas territoriales de Ecuador volvió a colocar en el centro del debate la creciente cooperación militar entre Washington y varios gobiernos latinoamericanos. La embarcación participa en los ejercicios Southern Seas 2026, unas maniobras conjuntas en las que también intervienen fuerzas navales de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, México, El Salvador, Guatemala y Uruguay.
En servicio desde 1975, el Nimitz es una de las mayores piezas del poder naval estadounidense y opera como una base aérea flotante con capacidad para 65 aeronaves y unos 5.000 tripulantes. Aunque su retiro estaba previsto para 2026, el elevado costo de su desguace y el contexto estratégico internacional empujaron a Washington a extender su vida útil por un año más.
Durante una visita oficial realizada el martes, el ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo, recorrió el buque acompañado por la canciller Gabriela Sommerfeld y el encargado de negocios de Estados Unidos en Ecuador, Lawrence Petroni. En ese marco, el funcionario explicó que las fuerzas armadas ecuatorianas formarán parte de ejercicios de interoperabilidad, vigilancia marítima y control de rutas ilícitas, con foco en amenazas trasnacionales como el narcotráfico.
Desde el Gobierno ecuatoriano se presentó la presencia del portaviones como una señal de respaldo internacional a la política de seguridad del país. Loffredo afirmó que el arribo del USS Nimitz constituye un reconocimiento al liderazgo que Ecuador estaría ejerciendo en la lucha regional contra el crimen organizado.
A esa sintonía con Washington se sumó el propio presidente Daniel Noboa, quien manifestó este miércoles su disposición a recibir tropas estadounidenses en territorio ecuatoriano para enfrentar la crisis de violencia e inseguridad. Según sostuvo, un eventual despliegue podría concretarse este mismo año y se realizaría bajo conducción local para «preservar la soberanía».
Sin embargo, esa postura del Ejecutivo entra en tensión con el resultado de la consulta popular del 16 de noviembre, cuando el 61% de la ciudadanía rechazó la posibilidad de instalar bases militares extranjeras en el país. La propuesta oficial, por lo tanto, choca de manera directa con una definición reciente expresada en las urnas.
Tampoco hay confirmaciones concretas desde la parte estadounidense respecto de un eventual uso del USS Nimitz en operaciones ligadas a la seguridad interna ecuatoriana. Según informó Radio Pichincha, tras consultar a fuentes oficiales de la Marina de EE.UU., no existe ninguna designación relacionada con la utilización del portaviones para tareas de combate a la delincuencia dentro del país.
En paralelo, Noboa defendió su enfoque de seguridad al compararlo con la política de «mano dura» del expresidente colombiano Álvaro Uribe, una figura históricamente cuestionada por sus vínculos con crímenes asociados al paramilitarismo en Colombia.




























