La economista y dirigente política panameña Maribel Gordón planteó que la defensa de la soberanía nacional vuelve a ocupar un lugar central en Panamá, en un contexto regional atravesado por presiones geopolíticas, avances militares de EEUU y gobiernos alineados con Washington. En diálogo con Horizonte Multipolar, sostuvo que la historia panameña está marcada por una larga lucha popular para recuperar el control del Canal, expulsar la injerencia extranjera y afirmar el derecho del país a decidir su propio destino.
Gordón recordó que la presencia estadounidense se impuso tempranamente en Panamá mediante bases militares y a través de una administración del Canal subordinada a “los intereses hegemónicos de los EEUU”. En ese marco, señaló que incluso se le negó al pueblo panameño el derecho de izar su bandera en parte del territorio de la zona del Canal, lo que dio lugar a hitos históricos de resistencia. Entre ellos destacó la gesta de 1964, cuando “22 panameños fueron asesinados porque el estudiantado y el pueblo enfrentó las tanquetas norteamericanas, exigiendo que se respetara nuestros derechos y que se regresara el canal al país”.
La dirigente también cuestionó con dureza las recientes declaraciones de Donald Trump sobre Panamá. Afirmó que cuando el expresidente estadounidense dice que “nos vendieron el canal por un dólar”, no solo falsea la historia, sino que además ofende a un pueblo que pagó con sangre la recuperación de esa vía interoceánica y la salida de las tropas norteamericanas. Frente a ello, remarcó que Panamá debe afirmarse como “una nación neutral”, comprometida con “la autodeterminación de los pueblos”, y vinculó esa definición con una perspectiva más amplia de integración regional.
En ese punto, Gordón ubicó a Panamá dentro de una batalla mayor por sostener a América Latina y el Caribe como Zona de Paz, una bandera estratégica para las fuerzas populares del continente. A su juicio, en medio de la actual crisis geopolítica y geoeconómica, el país debería desempeñar un papel activo en defensa de su soberanía, pero también de la paz regional, evitando convertirse otra vez en una plataforma de intervención contra otros pueblos latinoamericanos.
Sin embargo, denunció que esa orientación ha sido desoída por “un gobierno sumiso a los intereses norteamericanos”, al que responsabilizó por haber avalado un Memorándum de Entendimiento que habilita nuevamente la presencia de tres bases militares en territorio panameño. Para Gordón, esa decisión constituye “una afrenta nacional” y revive un esquema históricamente rechazado por el pueblo, dado que esas instalaciones “se han utilizado como rampa de agresión contra los pueblos hermanos de la región”.
Consultada sobre la posibilidad de construir una salida política frente a ese rumbo, la economista sostuvo que sí existe una alternativa desde los sectores populares y las izquierdas panameñas. Explicó que esa propuesta combina la defensa de la patria, los derechos humanos y “un mundo en real democracia”, y tiene expresión tanto en el movimiento social como en el plano político-electoral. En esa articulación mencionó a FRENADESO, a la alianza Pueblo Unido y al Frente Amplio por la Democracia, espacio que definió como “el único partido político con un proyecto nacional y social”.
Para Gordón, la disputa en Panamá excede el escenario nacional y forma parte de una confrontación continental entre proyectos opuestos. Mientras uno se subordina ante los intereses de Washington, el otro se sostiene en la defensa de la soberanía, la democracia popular y la paz. Desde esa perspectiva, rechazó de manera categórica mecanismos como el “Escudo de las Américas” y reivindicó la necesidad de fortalecer una estrategia latinoamericana común que impida nuevas formas de tutela imperial sobre la región.




























