España celebró el título pero Argentina reconoció a una selección que volvió a poner a Sudamérica en el centro
España festejó el título y Argentina reconoció a una selección que volvió a llevar a Sudamérica hasta la final.

Una multitud estimada en cerca de dos millones de personas ocupó este lunes las principales avenidas de Madrid para recibir a la selección española, que conquistó su segunda Copa Mundial tras vencer por 1-0 a Argentina en la prórroga. El gol de Ferran Torres, convertido en el minuto 106 de la final disputada en Nueva Jersey, permitió a España recuperar el título obtenido por primera vez en Sudáfrica 2010.
Sobre un autobús descapotado y con la Copa del Mundo como protagonista, los jugadores recorrieron durante varias horas la capital española hasta llegar a la Plaza de Cibeles. Cánticos, banderas, actuaciones musicales y celebraciones callejeras acompañaron una jornada presentada por las autoridades como una demostración de unidad nacional alrededor de la nueva generación del fútbol español.
La euforia colectiva, sin embargo, estuvo atravesada por un saldo trágico. Los festejos registrados desde la noche del domingo dejaron dos personas fallecidas, más de 80 heridas y al menos 12 detenidas en distintos puntos del territorio español, como consecuencia de accidentes, riñas, robos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
Uno de los episodios más graves ocurrió en Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, donde la parte superior de la fuente de la Glorieta del Árbol Gordo cedió mientras varias personas se encontraban sobre la estructura. Un adolescente de 13 años quedó atrapado bajo los escombros y murió poco después en el centro de salud de la localidad. Otras dos personas resultaron heridas, una de ellas con una fractura grave en una pierna.
El segundo fallecimiento se produjo en Sonseca, Toledo, donde un joven de 20 años murió después de sufrir convulsiones durante las celebraciones. Los incidentes también provocaron detenciones en Madrid, Barcelona y Valencia, mientras los servicios sanitarios atendieron a decenas de personas por golpes, caídas, intoxicaciones y altercados ocurridos durante la madrugada.
A miles de kilómetros de distancia, la otra imagen dejada por la final fue la del regreso de la selección argentina. Después de casi diez horas de vuelo, el avión AR1971 de Aerolíneas Argentinas aterrizó este lunes en Ezeiza con parte del plantel y el cuerpo técnico que alcanzaron el subcampeonato mundial. La delegación se trasladó posteriormente al predio de la Asociación del Fútbol Argentino, rodeada por miles de simpatizantes que se acercaron para agradecer el recorrido del equipo.
Desde las primeras horas del día, los accesos al aeropuerto y las inmediaciones del complejo deportivo permanecieron bajo un amplio operativo de seguridad. Banderas, camisetas, cánticos y carteles con mensajes de agradecimiento reemplazaron los reproches por la derrota: pese a no haber podido revalidar el título, la selección volvió a disputar una final y confirmó la permanencia de Argentina entre las principales potencias del fútbol internacional.
El recorrido argentino adquirió, además, una dimensión política y simbólica que excedió el resultado deportivo. La victoria por 2-1 frente a Inglaterra en las semifinales estuvo acompañada por la exhibición de una bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas”, que trasladó al escenario mundialista un reclamo histórico de soberanía aún atravesado por la herencia colonial británica.
En un torneo disputado principalmente en Estados Unidos, marcado por entradas inaccesibles, restricciones migratorias, cuestionamientos a la conducción de la FIFA, polémicas arbitrales y tensiones provocadas por la guerra en Medio Oriente, la presencia argentina en la final también representó una reivindicación del fútbol sudamericano frente al predominio económico, institucional y mediático del Norte Global. La Copa quedó finalmente en manos de España, pero el recorrido de Argentina recordó que Sudamérica continúa siendo un actor central del fútbol mundial y que, incluso dentro de un espectáculo comercial organizado desde los principales centros de poder, el deporte sigue funcionando como territorio de memoria, identidad y disputa geopolítica.