El enemigo que Lula necesitaba

La disputa electoral brasileña se desplaza de la gestión económica hacia una confrontación identitaria marcada por la soberanía y los alineamientos internacionales.

En política, pocas cosas son tan valiosas como un adversario externo que se comporta exactamente como uno lo describe. Luiz Inácio Lula da Silva lo entendió, y en las últimas semanas ha construido su campaña de reelección alrededor de una sola palabra: soberanía. El 21 de julio, en un acto en Brasilia, acusó al gobierno de Estados Unidos de intentar influir en la elección de octubre respaldando a su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro. Y fue más allá: invitó irónicamente al secretario de Estado, Marco Rubio, a hacer campaña por el candidato opositor. “Nada es más sagrado, en este momento histórico, que la defensa de la soberanía nacional”, declaró. El telón de fondo no es menor: Washington acababa de imponer aranceles adicionales del veinticinco por ciento a parte de las exportaciones brasileñas.

El movimiento es de manual, y por eso vale la pena desarmarlo. Lula tomó una presión real —los aranceles, el respaldo estadounidense a la derecha regional— y la convirtió en un activo doméstico. Transformó una vulnerabilidad económica en una épica nacional. La lógica es sencilla y poderosa: si el imperio te ataca, es porque defiendes a tu pueblo. La disputa deja de ser sobre el precio de la vida, la inflación o la gestión, terrenos donde el oficialismo enfrenta un deterioro de expectativas, y pasa a ser sobre quién representa a Brasil frente a quien lo quiere someter. Es la política del enemigo útil, y funciona porque no exige inventar nada: basta con que el adversario externo actúe según el guion.

Y aquí es donde el otro bando le entregó a Lula el mejor material posible. El 25 de julio, en la convención del Partido Liberal en el estadio de Pacaembú, en São Paulo, Flávio Bolsonaro fue oficializado como candidato presidencial en un acto que parecía diseñado para confirmar la tesis del oficialismo. El invitado más aplaudido fue el presidente argentino Javier Milei, que concentró su discurso en atacar al socialismo y al gobierno de Lula. Hubo un mensaje de apoyo del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Y el propio Jair Bolsonaro, impedido de asistir por estar preso, “habló” mediante un video con voz sintetizada por inteligencia artificial. Un candidato que se lanza abrazando a líderes extranjeros mientras su rival corre contra la injerencia extranjera: es difícil imaginar un obsequio narrativo más generoso.

Lo que ocurre en Brasil no es un fenómeno aislado, y por eso interesa desde una mirada regional. Estamos ante la consolidación de dos internacionales ideológicas que se necesitan mutuamente. Por un lado, una derecha continental que se articula por encima de las fronteras —la llamada Onda Azul— y que exhibe con orgullo sus alianzas transnacionales como prueba de pertenencia a un proyecto global. Por el otro, una izquierda que hace de la resistencia a esa articulación su bandera principal, y que encuentra en cada gesto de alineamiento externo del adversario la confirmación de su relato. Ambos bandos se alimentan del mismo combustible: la idea de que la política nacional es apenas el frente local de una guerra mundial.

El riesgo de este esquema es que empobrece la deliberación. Cuando toda elección se plantea como una batalla existencial entre soberanía y sometimiento, entre patria y traición, los problemas concretos de la gente quedan sepultados bajo la épica. Las encuestas dan a Lula una ventaja que no es definitiva, y la campaña apenas entra en su fase decisiva de cara al 4 de octubre. Pero el terreno ya está elegido, y lo eligió el propio oficialismo: se votará menos por gestión y más por identidad, menos por resultados y más por pertenencia.

La soberanía es un valor legítimo y hasta necesario. El problema empieza cuando se convierte en la única pregunta de una campaña, porque entonces deja de ser una defensa del país y pasa a ser una estrategia para no hablar de nada más. Brasil decidirá en octubre. La duda es si decidirá sobre su futuro o sobre a qué bando del mundo pertenece.

Autor(a)

Consultor y analista político internacional, especialista en estrategia institucional, campañas electorales y gestión pública.