Chile gira a la ultraderecha y se reubica en el tablero hemisférico

Con la llegada de José Antonio Kast a La Moneda, Chile no solo inaugura una nueva administración, sino que exhibe un viraje político de alcance continental. La escena de la asunción revela el avance de una derecha que pretende reposicionar al país dentro del esquema hemisférico que impulsa Donald Trump, retomando una lógica monroeista basada en subordinación regional, anticomunismo y alineamiento con Washington.

En ese marco, la estética elegida para el traspaso de mando no resulta inocente. Kast luce en su banda presidencial el escudo nacional bordado, una imagen asociada al repertorio simbólico de la dictadura de Augusto Pinochet. Más que un gesto ceremonial, esa elección opera como una declaración de principios ante una base política que reivindica el orden autoritario como respuesta al malestar social y a las demandas de transformación abiertas en la última década.

A la vez, los invitados internacionales terminan de delinear el sentido político de la jornada. La presencia de Javier Milei y de Santiago Peña —este último vinculado a la habilitación de tropas norteamericanas en Paraguay— expone la consolidación de un bloque conservador sudamericano cada vez más articulado con los intereses estratégicos de EEUU y decidido a clausurar cualquier horizonte de integración autónoma en la región.

Dentro de esa misma lógica, la asistencia de Daniel Noboa, José Raúl Mulino, Rodrigo Paz, Nasry Asfura y María Corina Machado confirma que la ceremonia excede ampliamente la política doméstica chilena. Lo que allí se pone en escena es una trama ideológica continental, donde distintas expresiones de la ultraderecha buscan afirmarse como dique frente a las experiencias progresistas y como vehículo para una reconfiguración geopolítica favorable al poder estadounidense.

Ya antes de la asunción, un episodio anticipó con claridad el rumbo que adoptará el nuevo gobierno. La disputa con la administración saliente de Gabriel Boric por las versiones contrapuestas sobre el proyecto chino de cable submarino entre Valparaíso y Hong Kong mostró que la orientación internacional de Chile será uno de los terrenos decisivos de esta nueva etapa. Allí se expresa una voluntad de revisar los vínculos con China y de acercar al país a un esquema de mayor dependencia respecto de Occidente.

Después del estallido social de 2019, amplios sectores de la sociedad chilena habían depositado en la centroizquierda la expectativa de abrir un ciclo de cambios profundos. Sin embargo, el gobierno de Boric no logró responder a esa demanda en la magnitud esperada. La incapacidad para desmontar pilares del modelo neoliberal y la frustración ante reformas insuficientes dejaron un terreno fértil para que la derecha retornara con una propuesta más dura, más ideologizada y mucho más funcional a una restauración conservadora.

Por detrás de este triunfo electoral también actúa una red política internacional que da sustento doctrinario y estratégico al nuevo oficialismo. Kast no aparece solo: su vínculo con la «Coordinación Internacional Anti-Radicales de Izquierda», la «Carta de Madrid» y el universo político orbitado por VOX muestra que Chile podría convertirse en una plataforma regional para la ofensiva ultraderechista. En ese dispositivo se inscriben además figuras como Andrés Barrientos y Vanessa Kaiser, encargadas de darle densidad intelectual a un proyecto que busca reordenar el país y, al mismo tiempo, aportar a una nueva correlación de fuerzas en América Latina.

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