En una conferencia de prensa de carácter urgente, el presidente de EEUU, Donald Trump, admitió haber dado la orden de bombardear una embarcación con tripulantes a bordo bajo la acusación de transportar drogas. Horas más tarde, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, calificó lo sucedido como un asesinato.
El mandatario colombiano, a través de un video publicado en la red social X, mostró cómo se lleva a cabo en su país un operativo de interdicción marítima bajo estándares internacionales, priorizando siempre la vida humana sin renunciar al objetivo de represión. La diferencia, en este caso, resulta abismal: mientras se puede combatir el delito sin masacres, lo denunciado contra Trump constituye un acto de barbarie.
Aunque no está claro si el ataque contra la supuesta “narcolancha” fue real o parte de una nueva operación de guerra psicológica, lo cierto es que la señal simbólica es preocupante: “Estados Unidos está llevando adelante una política de deshumanización teniendo como objetivo a los venezolanos”. Once tripulantes habrían sido masacrados, víctimas de la desproporción militar y de una violencia sin posibilidad de resistencia.
Ante estas acciones, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, advirtió directamente a Trump que su secretario de Estado, Marco Rubio, busca desatar un conflicto en la región: “Mr. President Donald Trump, usted tiene que cuidarse porque Marco Rubio quiere manchar sus manos de sangre con sangre suramericana, caribeña; con sangre venezolana”, afirmó Maduro, al denunciar la desesperación de la derecha tras sus reiterados fracasos políticos en Venezuela. Asimismo, señaló el despliegue militar de EE.UU. en el sur del Caribe bajo el falso pretexto de combatir el narcotráfico.
El analista político Wiliam Serafino coincidió en que lo ocurrido representa una “pulseada” interna entre Trump y Rubio: “el primero dudando de seguir adelante con una agresión que le puede salir cara, como ya les costó meterse en Vietnam o en países de Asia y el mundo árabe”. Según Serafino, Rubio responde a sectores extremistas cubanos y venezolanos en Miami, con la necesidad de “mostrar logros militares” que permitan justificar una mayor escalada contra Venezuela.
Maduro denunció además que la ofensiva militar del Comando Sur incluye “ocho barcos militares con 1.200 misiles” y un submarino con capacidad nuclear. “Es una acción extravagante, injustificable, inmoral y absolutamente criminal”, señaló, al tiempo que reafirmó que, frente a esta “máxima presión militar, Venezuela declara la máxima preparación para la defensa”.




























