La incorporación de Bolivia al BRICS+ abrió una ventana inédita para diversificar mercados, acceder a financiamiento alternativo y posicionar el litio como activo estratégico en el tablero global. Con Brasil, China y Rusia como principales socios, el país buscó una diplomacia multipolar que redujera su dependencia de Occidente y potenciara la industrialización interna. El ingreso también ofreció una plataforma para impulsar proyectos de infraestructura y fortalecer la voz boliviana en debates internacionales sobre soberanía, comercio y transición energética.
Sin embargo, la cita electoral de este domingo podría redefinir esa ruta. El avance de candidaturas de derecha, en un contexto de crisis económica, descontento social e impopularidad del MAS, plantea la posibilidad de un retorno al alineamiento con EEUU, el FMI y el Banco Mundial. Un gobierno con ese perfil probablemente reduciría el protagonismo de Bolivia en el BRICS+, revisaría acuerdos con potencias emergentes y pondría énfasis en la apertura de mercados bajo lógicas neoliberales, lo que podría implicar concesiones en el control de recursos estratégicos como el litio y el gas.
En este escenario, las tensiones no serían solo externas. Una eventual restauración neoliberal implicaría cambios en la política interna. En este sentido, se destacan los eventuales recortes de subsidios, mayor liberalización comercial y una estrategia de atracción de capitales extranjeros que podría chocar con sectores sociales acostumbrados a un modelo de redistribución y fuerte presencia estatal. Los proyectos en curso con el BRICS+, desde plantas de industrialización de litio hasta acuerdos energéticos, correrían el riesgo de quedar frenados o redimensionados, modificando el papel de Bolivia en el reordenamiento geopolítico global.
En este contexto, el resultado electoral decidirá si Bolivia consolida su inserción en el bloque que disputa la hegemonía global o si retoma la senda tradicional de dependencia financiera y política de Occidente.




























