La política boliviana atraviesa un momento de inflexión histórica, ya que tras la primera vuelta electoral, el senador Rodrigo Paz y el expresidente Jorge Quiroga se medirán en segunda vuelta, en una contienda que marca el fin de casi 20 años de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), interrumpidos solo por el breve Gobierno de facto de Jeanine Áñez en 2019-2020.
Durante esas dos décadas, el MAS, con Evo Morales y sus sucesores al frente, impulsó profundas transformaciones sociales. La nacionalización de recursos estratégicos, la reducción de la pobreza, la ampliación de derechos para pueblos indígenas y mujeres, y la consolidación de un Estado más soberano y redistributivo cambiaron la fisonomía del país. Fue un ciclo que, con sus tensiones, instaló la idea de que Bolivia podía crecer económicamente sin abandonar la justicia social.
La excepción a esa continuidad fue el gobierno de Áñez, nacido de una ruptura institucional tras la salida de Evo Morales. Ese periodo breve, pero intenso, significó la vuelta de un proyecto conservador que priorizó el alineamiento internacional y la represión interna. Las masacres de Senkata y Sacaba quedaron grabadas como un recordatorio de los riesgos que implica un viraje abrupto hacia la derecha.
Hoy, los bolivianos deberán elegir entre dos candidatos que representan, cada uno a su manera, un retroceso respecto a las conquistas sociales del último ciclo progresista. Rodrigo Paz se presenta como “centro” con rostro joven, pero su plataforma liberal plantea dudas sobre la continuidad de políticas redistributivas. Jorge “Tuto” Quiroga, en cambio, encarna la vieja guardia del neoliberalismo de los 90, apelando a la “institucionalidad” mientras su historial remite a la subordinación al capital extranjero y al ajuste económico.
La izquierda, aunque fuera de la carrera presidencial, no ha desaparecido. Mantiene una fuerza importante en la Asamblea Legislativa y sobre todo en los movimientos sociales, que ya advierten que serán garantes de las conquistas alcanzadas. En la memoria colectiva está fresca la experiencia de Áñez, que mostró lo que ocurre cuando se desmantelan los avances sociales en nombre de la “transición” o la “modernidad”.



























