Trump amenaza con aranceles como castigo a la soberanía del Sur Global.

Por Santiago Caetano

Durante la cumbre de los BRICS celebrada en Río de Janeiro este fin de semana, Donald Trump, en un gesto con profundas implicaciones diplomáticas y económicas, dijo que impondrá un arancel del 10 % a cualquier país que «se alinee con las políticas antiestadounidenses del bloque». Con esta declaración, el presidente norteamericano reaviva la lógica de la guerra comercial.

Lejos de tratarse de una medida económica puntual, el anuncio de Trump representa una forma de diplomacia coercitiva con la que pretende frenar el crecimiento de una arquitectura multipolar liderada por los BRICS, que hoy integran países que representan más del 45 % de la población mundial y cerca del 35 % del PIB global ajustado por poder adquisitivo.

Trump ya hizo del proteccionismo un estandarte durante su primera presidencia (2017–2021), pero su estrategia actual apunta no sólo a proteger la industria estadounidense, sino también a condicionar la política exterior de terceros países. ¿Qué significará “alinearse con los BRICS”? ¿Firmar un tratado comercial? ¿Usar monedas alternativas al dólar? ¿Participar en una conferencia conjunta?

La advertencia de Trump es arbitraria, y en esa arbitrariedad yace su potencial destructivo, ya que su fundamento podría usarse para penalizar a cualquier país que tome decisiones soberanas en desacuerdo con los intereses de Washington.

Entre las respuestas de los mandatarios de los BRICS, se destaca la de Lula da Silva, anfitrión de la Cumbre, quien dijo que “el mundo no necesita emperadores”. Por su parte, China habló de “diplomacia coercitiva”, y Rusia denunció la actitud de Trump como una “intimidación inaceptable”. Sin embargo, el bloque evitó escalar el tono en su declaración oficial, centrada en la cooperación Sur–Sur y el uso de monedas locales en el comercio.

Paradójicamente, la amenaza de Trump puede acelerar los procesos que pretende evitar. Si algo ha incentivado el deseo de los BRICS de reducir su dependencia del dólar y crear redes financieras alternativas es, justamente, el uso abusivo del poder económico estadounidense. Entre algunos ejemplos, refiere de interés mencionar las sanciones unilaterales, bloqueos y ahora aranceles como castigo político, lo cual refuerza cada vez más la necesidad de un sistema internacional más plural y resiliente.

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