Aunque la definición presidencial entre Jeannette Jara (centroizquierda) y José Antonio Kast (ultraderecha) sigue abierta, las elecciones legislativas ya marcaron el rumbo político del país. Con 76 de los 155 escaños, la derecha chilena —desde el conservadurismo tradicional hasta el ala más radical— consiguió su mayor consolidación parlamentaria desde el retorno a la democracia, quedando a solo dos votos de la mayoría simple.
El avance es encabezado por el Partido Republicano, que irrumpió como primera fuerza en la Cámara de Diputados con 31 representantes, reforzando la influencia nacional de un proyecto político que reivindica discursos de orden, recorte estatal y alineamiento geopolítico con las derechas regionales. Junto con sus aliados del bloque Cambio por Chile y la centroderecha agrupada en Chile Grande y Unido, la derecha configuró un Parlamento con capacidad real para bloquear, condicionar o rediseñar cualquier agenda de transformación social.
En este contexto emerge el Partido de la Gente (PDG) como un actor clave. Con 14 diputados, su posición fluctuante entre retóricas anticasta y guiños conservadores lo convierte en árbitro legislativo. Tanto la izquierda como la derecha necesitarán negociar con él, en un escenario donde la estabilidad quedará atada a acuerdos frágiles y mayorías circunstanciales.
Para un eventual gobierno de Jara, el panorama es complejo: las reformas estructurales, la agenda social y cualquier intento de reactivar un proceso constituyente dependerán de un Congreso adverso. Del otro lado, un eventual triunfo de Kast encontraría un Parlamento alineado con su programa, facilitando un viraje neoliberal y securitario que podría profundizar la desigualdad y limitar políticas de soberanía económica.
Este corrimiento del mapa político chileno no es un fenómeno aislado. Se inscribe en una tendencia regional de avance conservador, que suele traducirse en aperturas económicas desreguladas, debilitamiento de organismos de integración latinoamericana y pérdida de autonomía frente a intereses geopolíticos externos. En un país clave para el equilibrio del Cono Sur, el fortalecimiento de estas fuerzas tiene implicaciones que exceden lo nacional.
El balotaje decidirá quién ocupará La Moneda. Pero el Parlamento ya entregó su veredicto: Chile gira hacia la derecha, y ese movimiento reconfigurará no solo su política interna, sino también su lugar en una América Latina que sigue disputando su soberanía en un escenario global cada vez más tenso.




























